Estados Unidos ejecutó una nueva serie de ataques contra objetivos militares iraníes en el estrecho de Ormuz, con el objetivo de reducir la capacidad de Teherán para amenazar la navegación comercial en una de las principales vías del comercio mundial de petróleo y gas.
La operación, llevada a cabo por el Comando Central de las Fuerzas Armadas estadounidenses (CENTCOM), incluyó bombardeos contra sistemas de defensa aérea, radares costeros, posiciones de misiles y embarcaciones rápidas pertenecientes a la Guardia Revolucionaria Islámica. Para la ofensiva se utilizaron aviones de combate, buques de guerra y drones de ataque.
Según Washington, la acción fue una respuesta al ataque iraní contra un buque portacontenedores con bandera de Chipre que navegaba cerca de la costa de Omán. El incidente dejó un tripulante desaparecido y provocó graves daños en la sala de máquinas de la embarcación.
El presidente Donald Trump confirmó la intensidad de los bombardeos y aseguró que Estados Unidos continuará actuando para proteger la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz.
Con esta nueva ofensiva, las fuerzas estadounidenses ya habrían atacado alrededor de 140 objetivos militares iraníes en los últimos días, incluyendo depósitos de municiones, sistemas de comunicación, lanzadores de misiles y posiciones de drones.
La respuesta de Irán no tardó en llegar. Teherán lanzó ataques contra instalaciones vinculadas a Estados Unidos en Bahréin, Kuwait, Qatar, Jordania y Omán, ampliando el alcance regional del conflicto. Algunos de esos países informaron daños materiales, interceptaciones de misiles y personas heridas.
El Gobierno iraní condenó los bombardeos estadounidenses, acusó a Washington de frustrar los esfuerzos diplomáticos y advirtió que mantendrá una postura firme sobre el control del estrecho de Ormuz, una ruta por la que, antes del conflicto, transitaba cerca del 20% del petróleo y el gas comercializados a nivel mundial.
La escalada militar mantiene en alerta a la comunidad internacional por el riesgo de una expansión del conflicto y por su posible impacto sobre los mercados energéticos y la economía global.
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