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La intensa ola de calor que afecta a gran parte de Estados Unidos no solo elevó las temperaturas, sino también las facturas de electricidad. Según la Asociación Nacional de Directores de Asistencia Energética (NEADA), el costo de refrigerar los hogares este verano será un 10,5% más alto que el año pasado debido al mayor uso de aire acondicionado y al aumento de los costos energéticos.

Más de 185 millones de personas permanecen bajo alertas por calor en distintas regiones del país, incluidas ciudades como Nueva York, Boston, Filadelfia y Washington, donde las temperaturas extremas incrementaron la demanda sobre la red eléctrica.

Ante este escenario, los especialistas recomiendan adoptar medidas para reducir el consumo sin renunciar al uso del aire acondicionado. La principal sugerencia es aumentar gradualmente la temperatura del termostato hasta los 25,6 °C (78 °F). Según la NEADA, por cada grado que se eleva la temperatura del equipo es posible ahorrar alrededor de un 3% en la factura de electricidad.

Los expertos también aconsejan subir la temperatura del aire acondicionado cuando la vivienda está vacía y volver a bajarla al regresar, una práctica que permite optimizar el consumo energético.

Otras recomendaciones incluyen apagar las luces y los dispositivos electrónicos que no se estén utilizando, desenchufar equipos innecesarios y reducir el uso de la iluminación para aliviar la demanda sobre la red.

Además, mantener las persianas y cortinas cerradas durante las horas de mayor calor ayuda a bloquear la luz solar directa y a disminuir la temperatura interior de las viviendas, reduciendo así el esfuerzo que debe realizar el aire acondicionado.

El mantenimiento del sistema de refrigeración también es clave. Un equipo limpio y en buen estado consume menos energía y funciona de manera más eficiente, por lo que las reparaciones y revisiones periódicas pueden traducirse en un ahorro económico a mediano plazo.

Las autoridades y especialistas coinciden en que pequeños cambios en los hábitos de consumo pueden marcar una diferencia significativa en las facturas de electricidad, especialmente durante períodos de temperaturas extremas, cuando la demanda energética alcanza sus niveles más altos.

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