La incidencia de la demencia entre los adultos mayores está disminuyendo de forma sostenida en varios países desarrollados, según una serie de investigaciones que desafían las proyecciones más pesimistas sobre el avance de esta enfermedad.
Estudios realizados en Estados Unidos, Europa y Japón muestran que, aunque el envejecimiento de la población hará crecer el número total de casos, la proporción de personas mayores que desarrolla demencia es hoy significativamente menor que hace algunas décadas.
Uno de los trabajos más destacados, publicado en Journal of the American Medical Association (JAMA), reveló que en Estados Unidos la prevalencia de demencia entre personas de 85 a 89 años pasó de tres de cada diez hace 40 años a una de cada diez en 2024. Otros estudios europeos también registraron una caída cercana al 13% por década en la incidencia ajustada por edad.
Los especialistas atribuyen esta tendencia a una mejor prevención y al control de factores de riesgo modificables. La evidencia científica señala que mantener una alimentación saludable, realizar actividad física con regularidad, controlar la presión arterial, el colesterol y la diabetes, además de estimular la actividad cognitiva, puede reducir el riesgo de deterioro cerebral.
Uno de los estudios que marcó un cambio de paradigma fue el ensayo clínico FINGER, realizado en Finlandia, que demostró que una intervención basada en hábitos saludables mejora el rendimiento cognitivo de adultos mayores con riesgo de desarrollar demencia. Sus resultados impulsaron investigaciones similares en distintas regiones del mundo.
Los expertos advierten que la edad continúa siendo el principal factor de riesgo y que el aumento de la expectativa de vida mantendrá elevada la cantidad total de personas afectadas. Sin embargo, sostienen que las estrategias de prevención y los cambios en el estilo de vida ofrecen una oportunidad concreta para retrasar o reducir la aparición de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de la población envejecida.
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