Las recientes victorias de la selección argentina en el Mundial 2026 dieron lugar a una nueva ola de teorías conspirativas en redes sociales, entre ellas una de las más llamativas: la falsa afirmación de que Lionel Messi sería "sionista" y que esa supuesta condición explicaría un presunto favoritismo de la FIFA hacia la Albiceleste.
La teoría comenzó a ganar visibilidad luego de las polémicas arbitrales en los partidos frente a Egipto y Suiza. A las críticas por penales, expulsiones y decisiones del VAR se sumaron publicaciones que intentaron vincular a Messi con intereses políticos y geopolíticos, una relación que carece de pruebas.
Uno de los episodios que impulsó el debate fue la respuesta del imán canadiense Sallar Rasoul a un seguidor que preguntó si era un pecado apoyar a Messi por considerarlo "sionista". En lugar de rechazar la premisa, el religioso afirmó que era un tema "debatible" y cuestionó el silencio del futbolista sobre la guerra en Gaza, comentarios que luego se viralizaron en distintas plataformas.
Las publicaciones también recuperaron imágenes de Messi en visitas a Israel, su encuentro con Donald Trump y declaraciones del presidente argentino Javier Milei y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu para construir una narrativa que, según el análisis, reúne hechos aislados y los presenta como parte de una supuesta conspiración.
El fenómeno refleja el funcionamiento de las teorías conspirativas en la era de las redes sociales, donde los algoritmos amplifican contenidos polémicos y las derrotas deportivas suelen derivar en explicaciones que atribuyen los resultados a poderes ocultos antes que al rendimiento de los equipos.
En este contexto, la clasificación de Argentina a las semifinales volvió a colocar a Lionel Messi en el centro de un debate que trascendió el fútbol y evidenció cómo la desinformación puede propagarse rápidamente cuando se mezclan deporte, política y conflictos internacionales.
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