El Gobierno destacó el nivel récord del consumo privado registrado en el primer trimestre de 2026, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Sin embargo, esa mejora convive con una realidad más débil en el consumo cotidiano, evidenciada por caídas en las ventas de comercios y mayoristas, lo que generó dudas sobre cómo interpretar correctamente las cifras.
De acuerdo con las Cuentas Nacionales, el Producto Interno Bruto creció 0,7% en la comparación trimestral y 2,3% interanual, impulsado en parte por el aumento del consumo privado. Este indicador fue presentado por el Gobierno como un “récord histórico”, una lectura que también respaldó el ministro de Economía, Luis Caputo, quien señaló avances en el nivel de actividad y destacó el crecimiento del consumo y las exportaciones.
Sin embargo, otros datos oficiales muestran un panorama distinto. Las ventas en supermercados y mayoristas registraron caídas interanuales, mientras que los centros comerciales mostraron resultados más heterogéneos, con algunas mejoras puntuales. Esta divergencia entre el consumo medido por el PIB y el consumo observado en el comercio minorista abrió el debate sobre las limitaciones metodológicas de los indicadores.
El consumo privado, según la metodología oficial, no se limita a las compras en supermercados o comercios, sino que incluye un conjunto más amplio de gastos de los hogares. Entre ellos se encuentran servicios públicos, medicina prepaga, alquileres y otros consumos que, en muchos casos, aumentaron por encima de la inflación. Ese comportamiento incide directamente en el valor total del indicador, incluso si las cantidades consumidas no crecen en la misma proporción.
En ese sentido, el economista Fausto Spotorno explicó que no existe una medición perfecta del consumo privado y que su cálculo surge de estimaciones dentro de las Cuentas Nacionales. Según señaló, el indicador se construye a partir de valores nominales que luego se ajustan por deflactores, lo que puede generar distorsiones cuando cambian rápidamente los precios relativos, especialmente en servicios regulados.
En términos simples, el aumento de tarifas y precios de servicios puede elevar el valor del consumo privado medido en pesos, aunque no implique necesariamente un mayor nivel de consumo real en bienes y servicios.
Finalmente, el análisis también señala otra limitación: si bien el consumo privado alcanza niveles récord en términos agregados, no ocurre lo mismo al medirlo por habitante, lo que matiza el alcance del crecimiento registrado en las estadísticas oficiales.
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