Desde que comenzó el juicio contra Cristian “Pity” Álvarez por el homicidio de Cristian Maximiliano Díaz, un grupo de seguidores comenzó a reunirse en las inmediaciones del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°29, en la calle Paraguay al 1500.
Algunos llegan con banderas, vinilos, revistas y frases de canciones. Otros buscan simplemente saludarlo o transmitirle su apoyo antes de cada audiencia. Para muchos de ellos, acompañar al músico no significa desconocer la gravedad de la acusación, sino sostener un vínculo construido durante años alrededor de su música.
El debate comenzó el 10 de agosto y continúa con la declaración de testigos. En las últimas semanas, además, el proceso estuvo atravesado por pedidos de la defensa relacionados con el estado de salud del músico y por una recusación contra los integrantes del tribunal que finalmente fue rechazada por la Cámara de Casación.
Johana tiene 33 años, vive en La Matanza y es una de las seguidoras que más regularmente se acercó a los tribunales. Su relación con la música de Álvarez comenzó hace aproximadamente dos décadas, cuando era adolescente y empezó a escuchar Intoxicados y luego Viejas Locas.
Para ella, las canciones del músico ocuparon un lugar importante en distintos momentos de su vida. Incluso lleva tatuada una frase de una de sus canciones.
Su vínculo con Álvarez también incluye encuentros personales, recitales y viajes. Por eso, cuando supo que comenzaría el juicio, buscó las fechas de las audiencias y decidió acercarse.
“Es importante que vea que está acompañado”, explica al referirse a su presencia frente a Tribunales.
Después de la primera audiencia comenzó a comunicarse nuevamente con otros seguidores a través de antiguos grupos de Facebook. Así se fue formando un pequeño grupo que comenzó a encontrarse regularmente en la puerta del edificio judicial.
La convocatoria de Johana encontró respuesta entre otros seguidores. Algunos trabajan durante el día y organizan sus horarios para poder asistir; otros acompañan a distancia a través de las redes sociales.
La presencia de los fanáticos se transformó en una escena habitual durante las primeras jornadas: banderas, fotografías, discos y mensajes para el músico.
Álvarez llegó a detenerse en algunas oportunidades para saludarlos antes de ingresar a la sede judicial. Los seguidores interpretaron esos breves encuentros como una forma de mantener el vínculo construido durante años.
Pero el acompañamiento también plantea una pregunta inevitable: ¿cómo se puede sostener el fanatismo por un artista mientras enfrenta un juicio por homicidio?
Santiago tiene 35 años, vive en Lanús y trabaja en un estudio jurídico. Escucha a Álvarez desde que tenía 15 años y reconoce que su relación con el músico excede, para él, la idea tradicional de ser fan.
“Lo quiero como si fuera parte de mi familia”, explica.
Santiago incluso suele llamarlo “Cris” y no “Pity”. Según su interpretación, el propio músico utilizaba ambos nombres para diferenciar distintas facetas de su personalidad.
En los últimos meses también viajó para asistir a los recitales de Álvarez en Córdoba, Rosario y Mendoza. Sin embargo, asegura que su apoyo no implica justificar cualquier conducta.
“No es que se le perdona todo”, sostiene.
Su postura se concentra principalmente en el derecho del acusado a atravesar un proceso judicial con las garantías correspondientes y en la necesidad, según su opinión, de que se tenga en cuenta su estado de salud.
Santiago afirma haber leído el expediente judicial y cuestiona lo que considera una condena mediática previa al fallo.
Desde su perspectiva, el proceso debe analizar los distintos elementos del caso y no limitarse exclusivamente al momento de los disparos que provocaron la muerte de Díaz.
También sostiene una interpretación cercana a la planteada por la defensa respecto de la posibilidad de analizar el contexto previo al crimen y la hipótesis de legítima defensa o un eventual exceso.
Esa postura, sin embargo, pertenece a los seguidores y a la estrategia de la defensa y deberá ser evaluada dentro del proceso judicial. El tribunal continúa escuchando testimonios y pruebas antes de llegar a una decisión.
Para los seguidores que permanecen en la puerta de Tribunales, acompañar a Álvarez no necesariamente significa negar la existencia de una víctima ni desconocer la gravedad del homicidio.
Su posición parte de otro lugar: consideran que el artista al que acompañaron durante años merece atravesar el proceso judicial acompañado y con las garantías que corresponden a cualquier acusado.
El juicio, mientras tanto, continúa. Hasta el 28 de septiembre habían declarado 27 testigos y se esperaba la participación de otros siete durante esa jornada. Álvarez permanecía internado en el Hospital Tornú y no estaba previsto que asistiera a esa audiencia.
Mientras la Justicia avanza con la reconstrucción de lo ocurrido en 2018, sus seguidores mantienen su presencia en las inmediaciones del tribunal. Para ellos, la consigna se resume en una idea que repiten desde el comienzo del debate: acompañar al músico no significa necesariamente considerar que está por encima de la Justicia.
Te puede interesar: