Los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad se produjeron cerca de la plaza del Duomo y dejaron más de 60 detenidos. Giorgia Meloni convocó a una reunión de seguridad para el lunes.
Milán registró este domingo una segunda jornada de disturbios que dejó decenas de personas bajo custodia policial y llevó a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a convocar una reunión de seguridad para el lunes. Los enfrentamientos entre grupos de jóvenes y efectivos policiales se produjeron en los alrededores de la plaza del Duomo, en el marco de las protestas contra el aumento del costo de vida, los bajos salarios y la calidad de los servicios públicos.
Según un reporte policial, 28 manifestantes fueron detenidos tras los incidentes del sábado en Milán, Bolonia, Brescia, Bérgamo y Turín. Durante la jornada del domingo, más de 60 personas fueron trasladadas a comisarías para realizar controles adicionales, de acuerdo con fuentes vinculadas a la investigación citadas por la agencia Reuters.
En paralelo, la Confederación General Italiana del Trabajo, el principal sindicato del país, convocó una huelga general para el 20 de noviembre. La medida se anunció después de un fin de semana marcado por movilizaciones en distintas ciudades del norte de Italia.
Manifestantes destrozaron y saquearon comercios en Milán
La primera ministra Giorgia Meloni anticipó que el Gobierno analizará el lunes las medidas para responder a los episodios de violencia. Tras los incidentes del sábado, la mandataria publicó un mensaje en la red social X en el que calificó a los responsables de los disturbios como personas que aprovechan las manifestaciones para generar caos, atacar a las fuerzas de seguridad y paralizar las ciudades.
La tensión comenzó poco antes de las 17, cuando cientos de jóvenes se concentraron en las inmediaciones de la plaza del Duomo. En la zona ya había un importante despliegue policial debido a los enfrentamientos registrados el día anterior. Algunos manifestantes llevaban el rostro cubierto y vestían ropa negra.
Durante los disturbios, varios grupos arrojaron objetos contra vehículos policiales, levantaron barricadas, volcaron contenedores y provocaron daños en el mobiliario urbano. Además, saquearon un supermercado ubicado en una calle comercial cercana a la plaza, rompieron escaparates y vandalizaron bicicletas y scooters.
La policía desplegó unidades antidisturbios y utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los manifestantes. Algunos medios locales describieron los enfrentamientos como una «guerra de guerrillas». Hacia el final de la tarde, la situación comenzó a normalizarse en la ciudad.
El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, relató a la agencia Ansa el panorama que encontró en la zona afectada. «Vi escaparates destrozados, tiendas saqueadas y ciudadanos asustados», afirmó.
Sala también vinculó los episodios con una situación de conflictividad que, según señaló, se repite en otras partes del mundo. «Lo que ocurrió aquí es lo que estamos viendo en muchas ciudades del mundo», sostuvo.
Al referirse al origen de estos hechos, el alcalde expresó su preocupación por la dimensión internacional del fenómeno y consideró que el contexto global contribuye a alimentar las tensiones sociales.
Las protestas se extienden por Europa
Los disturbios registrados en Italia coincidieron con manifestaciones y episodios de violencia en otros países europeos. En Francia, cientos de miles de personas salieron a las calles el sábado para expresar su malestar por el aumento de los precios y el deterioro de los servicios públicos. También se informaron episodios de violencia y saqueos en París, en las inmediaciones de la plaza de la República.
Meloni defendió el derecho a la protesta, pero rechazó los actos de vandalismo. «Manifestarse es un derecho. Devastar nuestras ciudades no lo es», expresó la primera ministra en X.
La ola de movilizaciones también alcanzó a Albania, Portugal, España y Bélgica, con reclamos vinculados al costo de vida, la educación, el acceso a la vivienda y las políticas gubernamentales.
En Albania, las demandas por la gratuidad universitaria y las mejoras en becas, comedores y transporte público derivaron en pedidos de renuncia al primer ministro, Edi Rama. En Tirana se registraron enfrentamientos cerca del Ministerio de Educación y de la sede del Gobierno, además de incendios de vehículos y el uso de gases lacrimógenos por parte de las fuerzas de seguridad.
En Portugal, decenas de miles de personas marcharon en Lisboa contra la crisis habitacional y el aumento de los precios de las propiedades. Los manifestantes denunciaron las dificultades que enfrentan las familias y los jóvenes para acceder a una vivienda, tanto mediante el alquiler como a través de la compra.
En España, se realizaron concentraciones en Barcelona, Valencia, Sevilla y La Coruña para reclamar el acceso a una vivienda digna y cuestionar la especulación inmobiliaria. Los organizadores reclamaron medidas legislativas ante las dificultades que persisten en el mercado residencial.
Por su parte, cerca de 200 personas fueron detenidas en Bélgica durante las manifestaciones del sábado contra los recortes en educación, las políticas del Gobierno federal y el avance de la extrema derecha. Las protestas comenzaron de manera pacífica en Bruselas y Lieja, pero posteriormente derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, según informaron las autoridades locales.
En este contexto, las protestas del fin de semana reflejaron la diversidad de reclamos sociales que atraviesan distintas ciudades europeas, mientras los gobiernos enfrentan el desafío de responder a las demandas ciudadanas y garantizar la seguridad pública.
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