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Luna, una perra Jack Russell terrier de 10 años, fue rescatada después de permanecer 35 días perdida en el Parque Nacional Yellowstone, en Estados Unidos. La mascota había escapado de la cabaña donde se alojaba con su familia y logró sobrevivir en un entorno natural habitado por osos, lobos y coyotes. Su rescate se concretó el 14 de octubre, poco antes de que las condiciones invernales complicaran aún más las tareas de búsqueda.

La perra pertenece a una familia de California que se encontraba de visita en el parque. Tras el hallazgo, Luna fue trasladada a una veterinaria para recibir atención médica y posteriormente se reunió con sus dueños. Aunque había perdido una cantidad considerable de peso, los primeros controles indicaron que se encontraba alerta y con posibilidades de recuperarse por completo.

La desaparición ocurrió el 10 de septiembre en el área de Canyon Village. Según relató Katie Boucher, presidenta del Norris Ark Training and Recovery Center, la familia había dejado a Luna dentro de la cabaña mientras recorría el parque. En la puerta habían colocado un cartel de “no molestar”, pero un empleado de limpieza ingresó por error y la perra escapó.

El personal intentó perseguirla durante más de dos horas, aunque no consiguió atraparla. Cuando sus propietarios regresaron y advirtieron que había desaparecido, comenzaron una búsqueda que se extendió durante varios días.

La familia recorrió la zona durante aproximadamente una semana, pero finalmente regresó a California después de recibir advertencias de que la mascota podría haber sido atacada por algún animal salvaje.

Sin embargo, los posteriores avistamientos de Luna renovaron las esperanzas y llevaron a sus dueños a contactar a una organización especializada en rescates animales de Montana.

El Parque Nacional Yellowstone abarca aproximadamente 9.000 kilómetros cuadrados entre los estados de Wyoming, Montana e Idaho. Se trata de una extensa área natural que alberga osos grizzly, lobos, coyotes y otras especies, además de enfrentar temperaturas cada vez más bajas durante el otoño.

Los testimonios de visitantes, trabajadores y residentes permitieron reconstruir parte del recorrido de Luna. La perra fue vista cerca de viviendas del personal, en intersecciones y en las inmediaciones de distintos alojamientos.

De acuerdo con Boucher, el animal parecía regresar a lugares que había visitado con su familia antes de desaparecer, incluidos restaurantes y hospedajes. La rescatista también señaló que Luna había vivido en la calle durante su primer año de vida, una experiencia que podría haber contribuido a sus habilidades para sobrevivir.

Marie Jaskula, residente de la zona y encargada de una de las tiendas generales del parque, colocó carteles para pedir a los visitantes que no intentaran perseguirla. Cada vez que alguien se acercaba o trataba de llamarla, Luna escapaba hacia sectores más alejados, lo que dificultaba su captura.

Para aumentar las posibilidades de rescate, los voluntarios decidieron utilizar una trampa sin recurrir a alimentos que pudieran atraer a los depredadores de la zona.

En su lugar, colocaron dentro de la trampa fragmentos de una camiseta y una funda de almohada pertenecientes a la familia. La estrategia buscaba que Luna reconociera el olor de sus dueños y se acercara al dispositivo.

El miércoles 14 de octubre, Boucher y una de las propietarias encontraron a la perra dentro de la trampa. Después del rescate, la trasladaron a una veterinaria para realizarle distintos controles y evaluar su estado general.

Luna había perdido cerca de la mitad de su peso corporal: pasó de aproximadamente nueve kilogramos a poco más de 4,5 kilos. Los análisis de sangre mostraron algunas alteraciones, aunque los resultados iniciales no fueron considerados graves.

Según informó Boucher, la perra se encontraba alerta y tenía buenas perspectivas de recuperación.

La operación se concretó en un momento decisivo, ya que el parque de casas rodantes donde se alojaba la rescatista tenía previsto cerrar el lunes siguiente. La llegada del invierno habría dificultado el acceso a determinadas zonas y reducido las posibilidades de continuar con la búsqueda.

Después de más de un mes de incertidumbre, Luna pudo regresar con su familia en California. Su historia se convirtió en un ejemplo de la importancia de la colaboración entre voluntarios, residentes y visitantes para localizar animales extraviados en entornos naturales de difícil acceso.

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