Estados Unidos propuso disolver el Comité de Descolonización de Naciones Unidas, al considerar que algunas de sus actividades representan un “despilfarro de recursos”. La Argentina defiende su continuidad porque constituye uno de los principales ámbitos internacionales para sostener el reclamo de soberanía sobre las islas.
El reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas abrió una inesperada diferencia geopolítica entre el presidente Javier Milei y su aliado estadounidense, Donald Trump. Mientras Washington impulsa la disolución del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, el Gobierno argentino considera que ese organismo es fundamental para mantener vigente la posición nacional frente al Reino Unido.
La iniciativa estadounidense quedó expuesta el 15 de octubre, cuando Naciones Unidas informó que el representante de Estados Unidos había solicitado poner fin al mandato del Comité Especial de Descolonización. Durante el tratamiento de resoluciones vinculadas con la Cuarta Comisión de la Asamblea General, Washington cuestionó algunas de sus actividades por considerarlas un “despilfarro de recursos”.
La propuesta plantea un desafío para la administración de Milei, que mantiene una estrecha alianza política e ideológica con Trump, pero sostiene históricamente el reclamo argentino sobre las islas. El Comité constituye uno de los principales espacios multilaterales en los que la Argentina denuncia la situación colonial y reclama que se reanuden las negociaciones bilaterales con el Reino Unido.
El reclamo por Malvinas, en el centro de la discusión
Durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU, Milei ratificó que Malvinas representa una causa nacional y cuestionó la falta de resultados concretos de las resoluciones internacionales sobre la disputa.
El Presidente sostuvo que, pese al paso de las décadas, las modificaciones unilaterales en el área en conflicto continúan y las decisiones de los organismos internacionales no siempre generan consecuencias efectivas.
En ese marco, planteó que la controversia también pone a prueba la autoridad de Naciones Unidas y su capacidad para hacer cumplir sus propias resoluciones. La Argentina, afirmó, recurrió a herramientas diplomáticas y jurídicas, sanciones contra empresas involucradas y proyectos legislativos destinados a defender sus intereses soberanos.
La posición de Milei coincide con su cuestionamiento a la eficacia de determinadas instituciones internacionales, pero la eventual eliminación del Comité de Descolonización presenta una dificultad específica para la política exterior argentina: reduciría uno de los ámbitos en los que el país mantiene activo su reclamo.
Una diferencia en medio de la alianza con Washington
Desde el comienzo de su gestión, Milei profundizó el vínculo con Estados Unidos en asuntos vinculados con seguridad, comercio, minerales críticos y cadenas de suministro. La cooperación también incluyó gestiones relacionadas con el Fondo Monetario Internacional y mecanismos de financiamiento para la economía argentina.
Sin embargo, la propuesta de disolver el Comité de Descolonización podría marcar una divergencia entre los intereses de ambos gobiernos. Desde la perspectiva argentina, la desaparición del organismo debilitaría una plataforma diplomática que respalda el reclamo sobre Malvinas y que cuestiona la falta de negociaciones con Londres.
El escenario adquiere mayor relevancia por el acercamiento entre Washington y el Reino Unido. Según el análisis publicado por Infobae, Trump dejó de lado la posibilidad de mediar entre la Argentina y los británicos por la soberanía de las islas, mientras ambos países avanzaron en una agenda común.
En ese contexto, la iniciativa estadounidense es observada en Buenos Aires como una decisión que podría favorecer la posición británica.
Qué función cumple el Comité de Descolonización
El Comité Especial de Descolonización, conocido como C-24, fue creado en 1961 y actualmente está integrado por 28 miembros. Su tarea consiste en examinar situaciones vinculadas con territorios no autónomos y promover el proceso de descolonización.
Entre los casos que aborda se encuentra la cuestión de las Islas Malvinas, cuya soberanía es disputada por la Argentina y el Reino Unido. Londres mantiene el control del archipiélago y rechaza las exigencias argentinas de negociación, mientras Buenos Aires sostiene que la controversia debe resolverse mediante conversaciones bilaterales.
El Comité ofrece un escenario para que la Argentina exponga sus argumentos, obtenga respaldos internacionales y mantenga el tema en la agenda diplomática. Por eso, su continuidad es considerada estratégica por los distintos gobiernos argentinos, más allá de sus diferencias políticas.
La posición argentina y los antecedentes diplomáticos
Los sucesivos cancilleres de la gestión de Milei defendieron el reclamo ante Naciones Unidas. Diana Mondino, quien ocupó el cargo en 2024, sostuvo que el paso del tiempo no modificaba la validez de la reivindicación argentina y reclamó una solución pacífica mediante negociaciones con el Reino Unido.
En junio de 2025, Gerardo Werthein también cuestionó la posición británica y rechazó que el principio de libre determinación pudiera utilizarse para evitar el diálogo bilateral. En tanto, el actual canciller, Pablo Quirno, reiteró en junio de 2026 la postura argentina sobre la soberanía de las islas.
Estas intervenciones reflejan una continuidad diplomática que el Gobierno busca preservar, incluso mientras profundiza su alineamiento con Washington en otros asuntos internacionales.
La decisión final depende de la Asamblea General
La propuesta estadounidense no implica la disolución automática del Comité. Según el marco institucional de Naciones Unidas, una decisión de esa magnitud requiere el tratamiento correspondiente en la Asamblea General, donde Estados Unidos no cuenta con poder de veto.
El resultado dependerá de los apoyos que reúna la iniciativa y de la posición de los Estados miembros que respaldan la continuidad de los mecanismos de descolonización.
Para la Argentina, el desafío será defender la permanencia de un organismo que considera relevante para su reclamo sin poner en riesgo el vínculo estratégico con Estados Unidos.
Así, la cuestión Malvinas vuelve a mostrar los límites de la alianza entre Milei y Trump: aunque ambos gobiernos comparten posiciones en numerosos temas internacionales, la política exterior argentina mantiene un interés permanente en sostener los espacios diplomáticos que respaldan su reivindicación de soberanía.
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