En el marco del Día del Auxiliar de la Educación, que en la provincia de Buenos Aires se conmemora cada último viernes de agosto, GABAL visitó la Cocina Descentralizada de calle 25, entre 18 y 20, para conocer desde adentro el trabajo que allí se realiza y, especialmente, una historia que está cerca de cerrar una etapa después de casi cuatro décadas.
Graciela Potín comenzó a trabajar como auxiliar en 1987 y hoy transita el camino hacia su jubilación. “Estoy emocionada, por momentos tengo emociones encontradas”, reconoció al hablar de una despedida que empieza a sentirse después de tantos años formando parte del sistema educativo.
Sus primeras suplencias fueron en las escuelas N°12, N°4 y N°3, y también tuvo un paso por la Escuela N°8. Un año después, en 1988, logró titularizar como auxiliar en la Escuela N°502, institución en la que permaneció durante aproximadamente 14 años “Al principio me costó muchísimo porque tenía mucho temor de no poder rendir lo que esperaba la institución de mí”, recordó. Con el paso del tiempo llegaron el aprendizaje, la experiencia y, fundamentalmente, los vínculos. “Fue un grupo muy lindo. Me lo llevo atesorado en el corazón”, expresó al recordar a directivos, docentes y compañeras con quienes compartió aquella etapa.
Su historia laboral también estuvo atravesada por su familia. Durante esos años crió a sus hijos mientras combinaba su tarea como auxiliar con otros trabajos y estudios. “Gracias a ellos también, porque fueron mi motor de impulso para la lucha, para seguir”, contó.
Después de 14 años en la Escuela N°502 apareció una nueva oportunidad. Necesitaba trabajar por la mañana porque por la tarde estudiaba Enfermería y surgió una vacante en la Cocina Descentralizada. “Me metí de cabeza”, recordó entre risas.
Lo que parecía un nuevo destino laboral terminó convirtiéndose prácticamente en una segunda casa: lleva alrededor de 27 años trabajando allí y está camino a cumplir 28.
Por la cocina pasaron numerosas compañeras y generaciones de trabajadores. Graciela reconoce que, como ocurre en cualquier ámbito laboral, existieron diferencias y momentos difíciles, aunque elige quedarse con aquello que le permitió crecer “¿Ha habido cosas negativas? Sí. Pero yo me quedo con las positivas y con lo que aprendí”, sostuvo. Y agregó una reflexión construida después de tantos años compartiendo jornadas de trabajo: “Este es un lugar de trabajar en equipo. Con diferencias, porque ¿quién no tiene diferencias? Lo importante es el respeto”.
Ahora el escenario es diferente. La jubilación está cada vez más cerca y Graciela ya cuenta con una reducción horaria que forma parte de esa transición. Después de prácticamente cuatro décadas, empieza a acostumbrarse lentamente a la idea de dejar la rutina que la acompañó durante buena parte de su vida.
Antes de finalizar la charla dejó un mensaje para quienes compartieron el camino y para las nuevas generaciones de auxiliares que continuarán la tarea: “Les deseo un muy feliz día a todas las que han pasado por aquí, a las que no conozco y a las chicas nuevas que vendrán. Es un trabajo lindo”.
Para Graciela Potín, el Día del Auxiliar de la Educación de este 2026 tuvo inevitablemente un significado diferente. Fue uno de los últimos antes de la jubilación y una oportunidad para mirar hacia atrás: desde aquellas primeras suplencias de 1987 hasta una Cocina Descentralizada que, después de casi 28 años, también forma parte de su propia historia.
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