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En una entrevista en los estudios de GABAL, la médica dermatóloga Lucila Alonso abordó uno de los temas más relevantes de la actualidad sanitaria: la prevención y el cuidado de la piel frente a la exposición solar y otros factores ambientales.

Durante la charla, la profesional remarcó que el uso de protector solar debe incorporarse como un hábito cotidiano y no limitarse únicamente a los días de verano. “El protector hay que usarlo en esta área geográfica como una regla memotécnica: los meses que tienen ‘R’”, explicó, en referencia al período que va de septiembre a abril, cuando la radiación solar es más intensa.

Además, destacó la importancia de observar el índice UV, una herramienta disponible en la mayoría de los teléfonos celulares. “Por arriba de tres, deberíamos usar protector. Incluso si está nublado”, subrayó, desmitificando la idea de que el sol no afecta en días sin calor o sin cielo despejado.

Uno de los puntos más importantes que dejó la entrevista fue la advertencia sobre el daño solar. “El daño solar es acumulativo e irreversible”, señaló Alonso, al explicar que la exposición prolongada a la radiación ultravioleta puede alterar el ADN de las células y aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de piel.

En ese sentido, indicó que gran parte del daño se produce en las primeras etapas de la vida. “El mayor daño solar uno lo hace de los 0 a los 20 años”, afirmó, lo que refuerza la necesidad de generar conciencia desde edades tempranas.

La dermatóloga también hizo referencia a las creencias erróneas en torno al bronceado. “Ponerse colorado no es broncearse, es una quemadura”, explicó, y agregó que la pigmentación de la piel es, en realidad, un mecanismo de defensa ante la radiación.

En cuanto al uso de protector, aclaró que no existen grandes diferencias entre factores altos. “De 30 para arriba está bastante bien. Un 50 cubre apenas más que un 30”, indicó, y recomendó reaplicarlo cada dos o tres horas, especialmente en situaciones de exposición prolongada.

Por otra parte, abordó el cuidado de la piel en invierno, donde la sequedad es uno de los problemas más frecuentes. En ese contexto, aconsejó baños cortos con agua templada y el uso de jabones hipoalergénicos. “La piel seca pica, y muchas veces las lesiones son producto del rascado”, explicó.

Finalmente, Alonso también hizo hincapié en la importancia de consultar con profesionales especializados. “El que más sabe de piel es el dermatólogo”, sostuvo, al tiempo que defendió la formación específica de la especialidad frente al avance de prácticas no reguladas.

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