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El Senado de Estados Unidos confirmó a Markwayne Mullin como nuevo secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), tras una votación que se resolvió con 54 votos a favor y 45 en contra.

El republicano de 48 años, ex senador por Oklahoma, asume el cargo en un escenario complejo, marcado por un cierre parcial del gobierno federal que afecta el funcionamiento del organismo encargado de la seguridad interna y la política migratoria.

Mullin reemplaza a Kristi Noem, quien fue removida semanas atrás luego de cuestionamientos por su gestión, particularmente tras un operativo contra migrantes en Minnesota que derivó en la muerte de dos ciudadanos estadounidenses.

Durante su audiencia de confirmación, el nuevo funcionario planteó como objetivo reducir la exposición pública del DHS y recuperar la confianza en la agencia. “Quiero proteger la patria, llevar tranquilidad y devolver la confianza”, afirmó.

El nombramiento, sin embargo, generó críticas en la oposición. El senador demócrata Dick Durbin expresó dudas sobre su capacidad para controlar los abusos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y cuestionó su cercanía con el presidente Donald Trump.

En paralelo, Mullin dejó abierta la posibilidad de introducir cambios en los operativos migratorios, como la exigencia de órdenes judiciales en ciertos procedimientos, una de las demandas impulsadas por los demócratas en medio de las negociaciones presupuestarias.

El contexto en el que asume es especialmente delicado. Desde el 14 de febrero, el DHS opera con financiamiento interrumpido, lo que provocó un cierre parcial que impacta en varias de sus áreas.

Uno de los sectores más afectados es la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), cuyos empleados trabajan sin cobrar desde hace semanas. La situación ya derivó en la renuncia de más de 300 trabajadores y en demoras significativas en aeropuertos por falta de personal.

Ante este escenario, el gobierno de Trump dispuso el despliegue de agentes del ICE en aeropuertos para reforzar los controles, en una medida que refleja la tensión operativa dentro del sistema de seguridad.

La llegada de Mullin al DHS se produce así en un momento de fuerte presión política, dificultades de gestión y debate abierto sobre el rumbo de la política migratoria en Estados Unidos.

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