En medio de jornadas extensas, cansancio extremo y un incendio que mantuvo en vilo a Balcarce durante todo el fin de semana, una pequeña escena familiar logró resumir el sacrificio silencioso de los Bomberos Voluntarios.
El protagonista fue Darío Fabano, bombero voluntario y trabajador de la empresa McCain, quien el sábado comenzó una verdadera maratón laboral. Ingresó a trabajar a la planta cerca de las 13:30, cumplió su turno hasta las 22 horas, y casi sin pausa pasó del trabajo directo al cuartel de Bomberos, para luego partir rumbo a la sierra “La Barrosa”, donde el fuego avanzaba sin tregua.
En ese ir y venir acelerado, Darío pasó fugazmente por la esquina de su casa. Allí lo esperaba Renata, su hija, quien al verlo detenerse apenas unos segundos le alcanzó una gaseosa. Él la recibió, le dio un beso, y volvió a subirse al móvil para regresar a la sierra. Para ese momento, ya era cerca del mediodía del domingo.
El reencuentro familiar recién se dio pasadas las 17 horas del domingo, después de más de 28 horas prácticamente ininterrumpidas entre trabajo, servicio y combate del incendio.
Mientras el incendio arrasaba la sierra y los bomberos luchaban contra el fuego en condiciones extremas, esa gaseosa, ese beso y ese “volver a salir” dijeron más que cualquier discurso. Una postal íntima que expone, sin grandilocuencias, lo que hay detrás de cada uniforme cuando suena la sirena.
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