En Balcarce, cada día resulta más común recorrer distintas zonas de la ciudad y encontrar acoplados estacionados sobre la vía pública. La Avenida Centenario, una de las principales arterias, se transformó en el punto más visible de esa postal: enormes estructuras que permanecen inmóviles durante días, ocupando espacio, interrumpiendo la vista y convirtiéndose, con el tiempo, en parte del paisaje urbano.
Hace una semana, un accidente en esa misma avenida reavivó el debate. El vehículo se descontroló y terminó contra un acoplado, aunque el hecho no haya tenido como causa directa su presencia. Sin embargo, la imagen de un auto incrustado contra un semirremolque estacionado en plena arteria principal volvió a encender las alarmas sobre un problema que se prefiere mirar de costado.
Durante mucho tiempo se argumentó que los acoplados estaban en la calle porque no existían espacios habilitados para su estacionamiento. Pero eso hoy no es del todo cierto. Sí existen playas de estacionamiento, aunque algunos transportistas optan por dejar allí el acoplado y trasladarse a sus hogares solo con el camión, dejando el semirremolque estacionado en la vía pública.
No son todos, pero los que lo hacen contribuyen a una situación que afecta la convivencia urbana: calles angostas ocupadas, visibilidad reducida y un tránsito que se vuelve más riesgoso, especialmente de noche.
En el fondo, lo que se discute no es un simple lugar para estacionar, sino la forma en que Balcarce se organiza y convive en el espacio público. El transporte es una actividad esencial, pero también lo es la seguridad y el orden urbano. Lo que hoy parece una necesidad tolerada podría transformarse, con el tiempo, en una consecuencia lamentable.
Regular no significa sancionar: significa proteger, prevenir y planificar. Y mientras el debate siga posponiéndose, los acoplados seguirán ahí, inmóviles, como testigos silenciosos de una ciudad que aprendió a convivir con sus propios riesgos.
Por Radio GABAL